┬┐Puede ayudarme a cumplir un deseo del Papa?

 

  

Necesito su ayuda para cumplir un deseo del Papa. Tengo en mis manos un seminario que existe porque el Papa Juan Pablo II quería un centro dedicado específicamente a preparar seminaristas que, una vez ordenados, fueran formadores y profesores en seminarios diocesanos de todo el mundo.

Por eso, en 1991, nació el Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae de Roma y, posteriormente, se inauguró el de Sao Paulo. Llevamos 22 años y, solo en el de Roma, han sido ordenados 751 sacerdotes diocesanos que ya cumplen su misión formando a otros seminaristas en sus diócesis de origen.

Hoy en día continuamos cumpliendo este deseo del Vicario de Cristo pero ahora bajo la guía del Papa Francisco. Y es que el Maria Mater es un seminario Pontificio, lo que significa que es del Pontífice, es decir, del Papa.

En esta carta quiero proponerle que hagamos un ejercicio mental para entender, paso a paso, este deseo del Papa, y cómo con solo 6 € al mes lo podemos cumplir.


 Primer paso - El sacerdote

Intente visualizar todo lo bueno que hacen, y han hecho, los sacerdotes por la sociedad a lo largo de los siglos; vea cómo van apareciendo en su mente colegios, hospitales, universidades, misiones, comedores benéficos, residencias de ancianos, monasterios...

Si esto le resulta grandioso, ahora visualice lo que significa el sacerdote en su día a día. Fue un sacerdote el que lo bautizó, otro el que lo casó, otro el que le dio aquella palabra de consuelo y perdón, y es un sacerdote el que cada día convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo para que usted lo pueda recibir.

Segundo paso - Un mundo sin ellos

Imagine ahora cómo sería un mundo sin sacerdotes. 

Tache en su mente las grandes obras y realidades que han llevado a cabo los santos sacerdotes. Tache con una gran X cada uno de los hospitales, colegios, comedores benéficos... Tache también su boda, su bautizo... y, lo que es peor, sus confesiones o las misas. Piénselo: ni usted ni nadie podría volver a recibir el perdón y el amor de Jesucristo presente en la Eucaristía. 

Sería, sin duda, un lugar muy diferente al que conocemos. Nuestra propia vida estaría rodeada de angustia, caos, soledad y desamor. Con esto no quiero decir que actualmente vivamos en un "paraíso terrenal", pero imagínese lo que sería del mundo sin los sacerdotes.

 La conclusión está clara: necesitamos más y mejores sacerdotes.

 Tercer paso - Seminaristas hoy, profesores mañana

Cambiemos de escenario. Piense en lo que ha significado para su vida un buen profesor. Seguramente le haya dejado una huella imborrable y a él le deba parte de lo que es usted hoy.

Ese es precisamente el porqué del deseo del Papa: formar con esmero a seminaristas que, el día de mañana, dediquen su sacerdocio a ser profesores y formadores en seminarios diocesanos de todo el mundo. ¡Qué gran responsabilidad tenemos en nuestra mano! 

Le contaré, para que usted pueda visualizarlo, cómo son los jóvenes que se preparan en el Maria Mater Ecclesiae: son de países tan distantes y diferentes como China, El Salvador, Sri Lanka, España o Camerún;  tienen la gran oportunidad de formarse muy cerca del Papa; vienen enviados por sus respectivos obispos debido a sus cualidades para dedicarse a la vida académica; son todos diocesanos; etc.

Sin embargo, la mayoría de ellos llegan a nuestros seminarios sin los recursos necesarios para colaborar al menos con el coste de su formación.

 Hoy, con gran esfuerzo, las diócesis de las que provienen estos seminaristas y sus familias contribuyen con el 9,37 % de los costes de cada uno de ellos. Por eso el 90,63 % restante nos corresponde obtenerlo pidiendo donativos.

Póngase en mi lugar. ¿Cómo hace un rector que debe dedicar su vida a formar a estos jóvenes para encontrar esa enorme cantidad de dinero?

No puedo ponerles a trabajar porque, como rector, no me puedo jugar su vocación, pues necesito que se concentren y se enamoren de Cristo. He pedido ayuda a los obispos de sus diócesis, pero no pueden colaborar con más. No tengo capacidad para organizar galas benéficas con famosos, y tampoco puedo vender propiedades que no tengo.

Solo me queda dirigirme a muchas personas de multitud de países para pedirles que me ayuden. Esto es algo que humanamente me cuesta pero que hago de mil amores para poder cumplir el deseo del Papa y, sobre todo, para colaborar a que la mies tenga obreros.

Cuarto paso - El efecto multiplicador

Sigamos con nuestro ejercicio. ¿A cuántas almas estima usted que, en toda su vida ministerial, puede llegar un sacerdote? Coincidirá conmigo en que, a lo largo de su vida, un buen y santo sacerdote ayuda a miles de personas. Está claro que los 6 € mensuales que le mencioné al principio de esta carta servirán para que miles de personas se encuentren con Jesucristo.

Pero aún hay más. Lo que yo le estoy proponiendo es que apadrine a un sacerdote que, a su vez, será profesor de cientos de seminaristas. Por tanto, ya no será a miles, sino a cientos de miles de personas a las que usted estará ayudando. Esto es a lo que yo llamo "el verdadero efecto multiplicador".

 Paso final - Una renuncia por amor

Para finalizar el ejercicio, le voy a volver a pedir que se imagine a usted mismo renunciando a cosas tan cotidianas como ir al cine, disfrutar de dos cañas, comerse una hamburguesa o tomarse una copa en un bar.

¿No cree que merece la pena esta renuncia para llevar el amor de Jesucristo a miles de personas? ¿No cree que merece la pena esta renuncia para  seguir cumpliendo el deseo del Papa?

 Le pido 6 € al mes para apadrinar a un cura

Evidentemente, el coste de la formación de un seminarista no es de 6 €, sino de 600 € al mes. Pero, como no sé si encontraré a alguien que pueda colaborar con una cantidad tan elevada, necesito conseguir que muchos padrinos sostengan, con sus 6 € al mes, la formación de uno de los seminaristas del Pontificio Maria Mater Ecclesiae.

Muy estimado amigo, confío en que con esta carta, algo distinta a lo habitual, le haya ayudado a comprender mejor la situación actual de nuestro seminario y la importancia de sostener estas vocaciones -cumpliendo con el deseo del Papa-, por el bien de la sociedad y de la Iglesia.

Atentamente,

P. Carlos Skertchly

Rector del Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae de Roma

 
 

 

 

 

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