¿Quién le ha lavado el cerebro a mi hijo?


Muy estimado usuario:

En mis primeras reuniones con las familias de los jóvenes que quieren entrar en el seminario de Salamanca, para discernir su vocación al sacerdocio, hay una pregunta que, si bien no suelen hacerme, intuyo que, en ocasiones puede estar rondándoles en la cabeza: “¿Quién le ha ‘lavado el cerebro’ a mi hijo para que se meta en el seminario?”.

Y a esta pregunta lo lógico es responder que a quien menos interesa tener a un sacerdote sin una verdadera y sólida vocación al frente de sus parroquias, obras, colegios, misiones, etc. es a la propia Iglesia y, por supuesto, tampoco a nuestra comunidad religiosa. Contar con curas que no vivieran de forma auténtica su ministerio resultaría, cuando menos, contraproducente pues, ¿a quién lograrían transmitir el amor de Cristo?

Suelo explicarles que el único que ha podido suscitar en su hijo el deseo de ser sacerdote ha sido Jesucristo. Esta llamada que Dios hace a cada uno de estos jóvenes, con nombre y apellido, es un misterio. Sólo Él, con su «Ven y sígueme», puede impulsar a alguien a responder “sí”, con total libertad y valentía, y a que lo deje todo para seguirle. 

Un seminario no es otra cosa que un lugar donde estos jóvenes encuentran el ambiente propicio para el discernimiento de su vocación, a la vez que reciben una formación intelectual y académica semejante a la de cualquier chico de su edad.

Lo primordial en esta etapa es que estos jóvenes, dentro de la más absoluta y total libertad, se pregunten y cuestionen si la llamada que han sentido es, o no, su verdadera vocación. Para ello, viven en un ambiente de recogimiento y oración, están rodeados de chicos con sus mismas inquietudes y acompañados por formadores que les ayudan día a día.

Al llegar al seminario pasan a formar parte de nuestra comunidad religiosa como un hermano más. Por eso, independientemente de si sus familias pueden ayudarlos económicamente, les sostenemos durante esta etapa. A mí, como superior, me corresponde velar por su formación y, por supuesto, garantizarles las condiciones de vida más dignas posibles.

Entenderá que sostener todo un seminario únicamente con las aportaciones voluntarias de algunas familias de estos jóvenes es imposible. Por eso, igual que sucede con la mayoría de las obras de la Iglesia, debo salir a pedir ayuda y, lógicamente, recurro a los católicos porque solo ellos son capaces de comprender la grandeza y la necesidad de un sacerdote. 

Por ello, le pido que me ayude con una beca de tan solo 10 € al mes para contribuir al sostenimiento y la formación de un seminarista. Becar a un seminarista es colaborar con el plan de Dios; es apoyar la Iglesia que Él fundó.

Estará de acuerdo conmigo en que cada día es más necesario que el mensaje del Evangelio pueda seguir llegando a los hombres y que, para ello, es fundamental que todos apoyemos las vocaciones sacerdotales.

Gracias de parte de todos los seminaristas y mías, y que Dios se lo pague:

P. Jesús María Delgado Jesús María LC

Director Territorial de la Congregación Legionarios de Cristo

 

 

 

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