Y yo para qué vivo

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Seguro que alguna vez se ha preguntado: «Y yo, ¿para qué vivo?». Se trata de una pregunta difícil pero necesaria, pues encontrar la respuesta es clave para dar sentido a nuestra existencia. Y es que la vida es muy triste sin trascendencia.

A pesar de las comodidades, el bienestar o el progreso material que tenemos en España, veo a mi alrededor mucha gente infeliz. ¡Cuántas personas reducen su vida a consumir o a poseer bienes materiales sin saber por qué y para qué viven! Desconocen –o han olvidado– que hemos sido creados para algo que va mucho más allá.

Porque todos los seres humanos estamos llamados a una vocación que nos hace vivir con los pies en la tierra pero mirando al Cielo. Esta es la trascendencia: saber que todos nuestros actos van más allá de sí mismos y que su fin no es otro que glorificar a nuestro Padre Celestial, servir humildemente a nuestros hermanos y alcanzar la vida eterna. 

Usted y yo somos afortunados por haber recibido el don de la fe, que nos permite vivir así. Sin embargo, a nuestro alrededor hay tantísima gente que no lo tiene… 

Por eso es fundamental que haya santos sacerdotes bien preparados, pues serán ellos, especialmente, quienes muestren a los hombres y mujeres de esta generación el verdadero sentido de sus vidas. Pero «la mies es abundante y los obreros son pocos», y por eso es necesario que todos recemos y cuidemos las nuevas vocaciones que Dios está suscitando entre los jóvenes. 

 

En nuestro seminario de Salamanca hoy se preparan muchos de ellos, llenos de ilusión por trabajar, darse a los demás y no escatimar en su entrega total a Cristo. Su formación dura de 13 a 15 años. Puede parecer mucho, pero siempre hemos creído que solo así podrán ser verdaderos guías que ayuden a todos los hombres a encontrar el sentido trascendente de sus vidas. 

Sea cual sea nuestra vocación, todos estamos llamados a trascender y a ayudar a quienes están más necesitados de conocer y experimentar el Amor de Dios. Los sacerdotes son quienes se entregan en cuerpo y alma a esta tarea. Por eso es tan importe que todos los cristianos cuidemos de cada seminarista con nuestra oración y ayuda económica. 

 

Por favor, ayúdeme a sostener la formación de uno de estos seminaristas con una beca de 10 € al mes.

Cristo cuenta con cada uno de nosotros para que todos los hombres vivan felices. Así nos lo ha dicho: «Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la Tierra» (Mt 5, 13).

Suyo en Jesucristo,

P. José Carlos Zancajo, L.C.

Director territorial del movimiento Regnum Christi

 

 

 

 

 

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