Papa Francisco

Estimado usuario:
 
No sé si alguna vez le he contado que todo comenzó a finales de los años 80. 
 
Imagino que usted también recordará aquellos momentos convulsos para la Iglesia en los que ciertas corrientes, y especialmente la teología de la liberación, habían encontrado cabida en algunos sectores de la Iglesia, incluidos muchos seminarios. 
 
De hecho, era tan fuerte el influjo de estas corrientes que a muchos jóvenes, que por aquel entonces ingresaban a los seminarios deseosos de convertirse en sacerdotes, les tocaba disimular sus pensamientos o reacomodarlos a esas nuevas ideas para evitar que les expulsaran del seminario.
 
El ambiente y estas propuestas doctrinales eran tan confusos que muchos de aquellos jóvenes abandonaron sus estudios e incluso terminaron por secularizarse tras ser ordenados.  
 
Gracias a Dios, como las vocaciones son pura llamada de Dios, la mayoría fueron ordenados como sacerdotes y hoy ejercen felizmente su ministerio. 
 
San Juan Pablo II
 
En medio de esta crisis, el entonces Papa, san Juan Pablo II, consciente de esta y otras problemáticas que había en muchas Iglesias locales, decidió fundar un seminario donde preparar sacerdotes que, una vez ordenados, pudiesen dedicarse a ser profesores y formadores en los seminarios de sus diócesis de origen.
 
San Juan Pablo II sabía de la sólida e intensa formación de los sacerdotes Legionarios de Cristo y, en 1991, pidió a la congregación que asumiera la tarea de crear el Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae. 
 
CRECION
 
Atendiendo a la voluntad del Papa, nuestra congregación adecuó una casa, en las afueras de Roma, para comenzar allí las actividades del nuevo centro.
 
La propuesta del Papa tuvo una extraordinaria acogida. Obispos de todo el mundo comenzaron a enviar a este centro de estudios a los seminaristas que veían con más cualidades para llegar a convertirse en buenos profesores y formadores de sus seminarios de origen.
 
Ante esta abrumadora respuesta de los obispos, los Legionarios de Cristo ofrecieron la sede de su propio seminario, en la Via Aurelia Antica (Roma), para que fuese la ubicación definitiva del Pontificio Maria Mater Ecclesiae.
 
Una década después, el cardenal Lucas Moreira Neves, junto con otros 30 obispos de Brasil, pidió al Papa que abriera un seminario de estas características en ese inmenso país, por lo que en 2003 los Legionarios de Cristo construyeron el Maria Mater Ecclesiae de Sao Paulo.
 
Durante estos 20 años, 1.379 seminaristas, enviados por obispos de 47 países diferentes, han estudiado en los Maria Mater Ecclesiae, y hoy, la mayoría de ellos ejercen ya como profesores, formadores e incluso rectores de seminarios en más de 240 diócesis de los 5 continentes.
 
PADRINOS
 
Para nuestra congregación estos seminarios han sido un gran regalo de Dios: Una misión que hacemos con gran entrega y entusiasmo, por nuestra querida madre Iglesia.
 
Este inmenso encargo también ha supuesto un gran esfuerzo económico. Durante todos estos años hemos tenido que encontrar la manera de sufragar el 90% de los costes de mantenimiento y formación de cada seminarista ya que las diócesis de origen y las familias de los seminaristas  –y me consta que con muchísimo esfuerzo– apenas han podido colaborar con una media del 9,37% de los gastos. 
 
En todos estos años hemos logrado subsistir gracias a la Providencia. No ha sido nada sencillo, y menos en los últimos tiempos. De hecho, los rectores del seminario hemos tenido que trabajar duro pidiendo donativos y encontrando “padrinos” para cada uno de estos jóvenes. 
 
Siendo sincero con usted, esta labor me cuesta mucho, porque  soy muy consciente de la situación precaria de tantas familias en España, y de lo difícil que es para la gente responder a estas constantes peticiones de ayuda. Por eso no es nada fácil para mí escribir todas estas cartas de petición de donativos. 
 
Sin embargo, pensar en los muchos frutos que están dando estos seminarios me llena de valor y me quita la vergüenza. Es mi misión que todos estos jóvenes lleguen a ser santos sacerdotes, y para ello, con ayuda de Dios, seguiré haciendo todo lo que esté en mi mano.
 
Por eso, debo serle franco, Sr. Uribe: necesito su ayuda. Por favor, si está en su mano, apadrine a un seminarista del Maria Mater Ecclesiae con una domiciliación de 10 € al mes. Sólo con apadrinamientos como este podré seguir garantizando el sostenimiento de nuestro seminario. 
 
No tengo duda de que toda esta obra seguirá adelante, pues si el Espíritu Santo pudo sacar adelante la complicada situación de tantas iglesias en aquellos años, ¿cómo no seguirá moviendo el corazón de buenos católicos para que se decidan a ayudar a nuestro seminario?
 

Gracias de antemano por su ayuda.

Unidos en Cristo y en María, madre de la Iglesia, me despido de usted,

P. OSCAR TURRIÓN, L.C.

Rector del Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae de Roma 

 

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