Verde Navidad

 

Querido usuario:

Cuando reciba esta carta, quizá haya nevado ya por primera vez este invierno. Y aunque no haya sido así, coincidirá conmigo en que todos asociamos la Navidad con la nieve, de ahí aquello de “blanca Navidad”. Sin embargo, hoy le quiero proponer que “pintemos” de verde esta festividad. Le explicaré por qué:

Todos sabemos que el verde es el color de la esperanza. Pues bien, en estas fechas, con el nacimiento de Jesucristo, nace en nosotros la verdadera esperanza: Cristo se hace hombre para salvarnos, y con su muerte y resurección nos abre las puertas de la vida eterna.

Y esta alegría que sentimos por el nacimiento del niño Jesús no representa sino una pequeña parte de la felicidad que Dios nos ha prometido: vivir un día en Su casa y gozar de lo que Él “ha preparado para quienes lo aman” (1 Co 2, 9).

Esta esperanza de la vida eterna surge con el Niño que nace y se hace Dios-con-nosotros, y se fortalece con la promesa de Cristo de acompañarnos “todos los días hasta el fin del mundo”. Esto lo vivimos muy especialmente a través de los sacramentos:

Por el bautismo, nos hace hijos de Dios y coherederos del Cielo.

A través de la confirmación, nos entrega el Espíritu Santo con sus dones.

En la Eucaristía, nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre.

Mediante la confesión, nos limpia del pecado y nos fortalece para ser mejores. 

Con el matrimonio, bendice la unión del hombre y la mujer y permite que cada uno vaya al Cielo a través del otro.

Por medio de la unción de los enfermos, conforta a los enfermos graves. 

Y, por último, a través del sacramento del orden sacerdotal, nos entrega a los sacerdotes como verdaderos ministros de su gracia.

En su infinita sabiduría, Dios ha querido que, para la celebración de la mayoría de los sacramentos, sea necesario un sacerdote que haga presente y palpable esta esperanza que nace con Jesucristo. Con su ministerio, todos ellos siembran la alegría en el mundo, pero no están solos en esta misión: es labor de todos los cristianos acompañarlos y sostenerlos en su labor pastoral.

Todos estamos llamados a hacer presente la esperanza en esta sociedad tan desorientada. Por eso, en este tiempo de Adviento le pido que rece con fervor para que surjan nuevas vocaciones y para que muchos cristianos comprometidos ayuden a cuidar a aquellos a quienes Dios ya ha llamado al sacerdocio.

En nuestro seminario de Salamanca trabajamos sin descanso para preparar a los jóvenes que Dios nos ha encomendado, pues somos muy conscientes de la importancia de llevar a los hombres la verdadera esperanza que surge, únicamente, en el encuentro con Jesucristo. Pero, como le comentaba, esta labor no depende solo de nosotros.

Usted hoy puede ayudar a sembrar esta esperanza en el mundo: le pido que, si está en su mano, me ayude con una beca de 12 € al mes para el sostenimiento de nuestro seminario y la promoción de nuevas vocaciones. Estoy seguro que, con sus oraciones y ayuda económica, todos podremos seguir llevando a Jesucristo a esta generación. 

 

En nombre de todos los formadores y seminaristas del noviciado de Salamanca quiero agradecerle toda su ayuda y desearle una feliz Navidad llena de esperanza. 

 

Suyo en Jesucristo,

P. José Carlos Zancajo, L.C.

 

 

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