Ayuda al seminario de Salamanca

El fruto de estas cartas

 

 Estimado usuario:
 
Como sabe, cada cierto tiempo le escribo a usted y a otras personas para contarle acerca de nuestro seminario de Salamanca, que usted apoya con sus donativos. Sin embargo, nunca le he contado las respuestas tan distintas que recibo a estas cartas.
 
Algunas no son muy agradables; son incluso ofensivas y poco menos que blasfemas. ¡Paciencia!. Otras, sin embargo, como la historia que hoy quiero compartirle, son muy alentadoras.
 
En respuesta a una de mis peticiones, recibí hace tiempo una nota manuscrita de una señora viuda que decía así:
 
“Es grato saludarles y felicitarles por la motivación de estas campañas para becar seminaristas. Es mi gran deseo que el granito de arena que les envío les ayude en una labor tan digna […]”.
 
tantas vocaciones ha dado a la Iglesia, hoy las necesita también para sí misma. Segundo, porque las necesidades de nuestro seminario de Salamanca son muchas y apremiantes. Y tercero, y más importante, porque estas cartas suscitan actos de generosidad que tienen un gran valor ante Dios. 
 
Cuando comparto con los seminaristas estas historias, veo su alegría al comprobar que en España existe tanta gente que hace lo imposible por cuidar de su vocación. Nuestros jóvenes, agradecidos, responden rezando y ofreciendo sus sacrificios diarios por cada uno de sus bienhechores, pues sabemos que también tienen sus problemas y necesidades.
 
Personalmente me siento profundamente agradecido a todos los que cuidan de nosotros, ya que hice todos mis estudios sacerdotales sostenido con becas de México y Venezuela. Siempre que pienso en ellos, recuerdo las palabras de Jesús: «Cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa» (Mat. 10,42).
 
Dña. María del Perpetuo Socorro, sé que soy pesado con mis peticiones, pero una vez más me atrevo a pedirle 12 euros al mes (o lo cantidad que buenamente pueda) para nuestros seminaristas y la promoción vocacional. Y el que menos, siempre podrá ofrecer un misterio del Rosario, una misa dominical o algún sacrificio silencioso de esos que «Dios ve en lo secreto y no dejará sin recompensa» (Mat. 6,6).
 
 
 

 
Gracias por todo, y que Dios le bendiga. Servidor en Jesucristo,

P. José Carlos Zancajo, L.C.

 

 

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