Quo Vadis

 

quo vadis
 
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Viajemos un poco en el tiempo. Concretamente, a la Galilea del siglo I. Hacía pocos años que Cristo había muerto y resucitado, dejando a sus apóstoles el mandato: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda criatura» (Mc. 16, 15). Ellos, llenos del Espíritu Santo, partieron por el mundo predicando el Evangelio.
 
Pedro, como cabeza de esta Iglesia naciente, sabía que su destino estaba en Roma, capital del imperio y del mundo. Esta gran urbe pagana, regida por el déspota Nerón, debía ser evangelizada con la sangre de los mártires.
 
En el año 64, el emperador acusa a los cristianos de haber incendiado la ciudad e inicia una brutal persecución contra ellos. La pequeña comunidad cristiana, temiendo por la vida de su pontífice, le pide que huya de la ciudad. 
 
La tradición dice que Pedro, saliendo de Roma por la Vía Apia, se encuentra con Jesucristo cargando con la cruz. Al verlo, le pregunta: «Quo vadis, Domine?» («¿A dónde vas, Señor?») a lo que Cristo le responde: «Romam vado iterum crucifigi» («Voy hacia Roma, para ser crucificado de nuevo»). 
Inmediatamente, Pedro supo que tenía que volver a Roma para ser martirizado. Y así, en el año 67, muere crucificado en la colina vaticana, y es enterrado cerca de ese lugar.
 
Dos siglos después, el emperador romano Constantino se convierte milagrosamente al cristianismo y ordena construir una gran basílica en Roma, situando el altar justo encima de la tumba de San Pedro, que ya era fervientemente venerada por los cristianos.
 
Hoy el altar de la Basílica de San Pedro sigue estando exactamente encima de la tumba del primer Papa. Resuenan así las palabras de Cristo: «Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».
 
Fue también en la Ciudad Eterna donde, en 1992, el sucesor de Pedro San Juan Pablo II decidió fundar el seminario Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae. Este centro de formación nació con la misión específica de preparar seminaristas diocesanos de todo el mundo para que pudieran ser formadores y profesores de sus seminarios de origen. 
 
En sus veinte años de existencia, son ya 1.170 los seminaristas que han pasado por este seminario. Todos ellos ven como un regalo de Dios tener la oportunidad de formarse precisamente en Roma, tan cerca del sucesor de Pedro.
 
Como puede ver, veinte siglos después de aquel «Quo Vadis», la Iglesia sigue siendo la misma: un sucesor de Pedro que nos guía, cristianos perseguidos y martirizados por su fe, jóvenes que responden generosamente a la llamada de Cristo…
 
Y es que, al igual que los apóstoles dijeron sí a la llamada del Maestro («Ven y sígueme»), hoy son muchos los seminaristas que deciden entregar su vida por amor a la Iglesia. En este curso, son más de 150 los jóvenes que estudian en nuestro Maria Mater Ecclesiae de Roma. La mayoría proviene de diócesis pobres que apenas pueden colaborar con su sostenimiento. 
 
Por eso, Dña. María del Perpetuo Socorro, le invito a que apadrine a uno de estos jóvenes con una domiciliación mensual de 10 €. ¿Quién sabe si uno de estos seminaristas será algún día el sucesor de Pedro?

Unidos en Cristo y en María, Madre de la Iglesia, 

P. OSCAR TURRIÓN, L.C.

Rector del Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae de Roma 

 

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