Tiempo ordinario

 

1 de septiembre de 2017
 
Muy estimada en Cristo, Dña. María del Perpetuo Socorro:
 
Con la llegada de septiembre, después de las vacaciones y fiestas estivales, retomamos las rutinas de cada día, la “vida ordinaria”. Pero esto no tiene para nosotros nada de ordinario o de rutinario, pues todo lo que hacemos por amor a Dios y a nuestros hermanos es “extraordinario”.
 
En nuestras casas de formación la vida está muy organizada, porque no tenemos tiempo que perder y porque la autodisciplina fortalece la personalidad y la prepara para mayores desempeños futuros. Por eso nos rige un “horario” o distribución del tiempo, minuto a minuto, para cada día del año, que incluye también vacaciones y fiestas… ¡Faltaría más!
 
En la agricultura, el “tiempo ordinario” (expresión tomada de la liturgia de la Iglesia) es el más necesario y fecundo, con un otoño que acorta los días sin darnos cuenta y un invierno largo donde la tierra reposa y se cierra hacia dentro para proteger las semillas del frío exterior. Es el tiempo en que la tierra se prepara poco a poco para la nueva sementera, después de haberse cansado produciendo la cosecha del verano.
 
En nuestro seminario de Salamanca también hemos empezado de nuevo nuestro “tiempo ordinario”: este curso que comienza hemos recibido nuevos jóvenes que inician ahora su larga y silenciosa preparación para el sacerdocio. Se unen a los que ya se encuentran con nosotros viviendo esta bella etapa de discernimiento y formación.
 
Aquí seguimos un año más. Y como siempre, necesitamos el apoyo espiritual y material de cuantos nos asisten, seguros de que la gracia divina fecunda los esfuerzos de todos, por pequeños que parezcan: “Ni un vaso de agua se pierde, dado en Mi Nombre”, dice el Señor. 
 
Dña. María del Perpetuo Socorro, en concreto necesitamos que siga rezando por todas estas vocaciones y que, si está en su mano, nos ayude con una domiciliación de 12 euros al mes. ¡Siempre y todo en el Nombre del Señor Jesús! Solo así el “tiempo ordinario” nos hace “extraordinarios” a los ojos de Dios.
 

 
Agradecido de antemano y con la seguridad de mis oraciones por sus necesidades personales,
 
P. José Carlos Zancajo, L.C.

 

 

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