La Misa, cuestión de vida o muerte

Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae

La misa, cuestión de vida o muerte

“Los cristianos que vienen a Misa los domingos, entran en la iglesia, pero no saben si volverán a salir”. Estas palabras del P. Kenneth Chukwuka, sacerdote nigeriano, reflejan lo que viven hoy millones de cristianos perseguidos.

En una ocasión, celebrando Misa, este sacerdote recibió el aviso de que el grupo terrorista Boko Haram se dirigía hacia el pueblo para atacar a los cristianos.

Preguntó entonces al sacristán si debía suspender la Misa para que los fieles pudieran huir, a lo que este le contestó rotundamente que no. “Jamás por el miedo de este grupo, de los fundamentalistas, se han marchado de la iglesia. Nunca han abandonado su iglesia por el miedo de que van a entrar a matar a la gente, porque si empiezan a vivir así, estos habrán ganado la guerra”, le dijo el sacristán al P. Kenneth.

Estos cristianos tienen claro que cuando hay que elegir entre la vida y la fe, sin dudarlo escogen la fe. Creer en Jesucristo es lo que les da esperanza y fortaleza en medio de la persecución, y saben que necesitan alimentarse de la Eucaristía para no desfallecer ante las adversidades. Para ellos la Misa es, literalmente, cuestión de vida o muerte.

Usted y yo, que no sufrimos una persecución cruenta por vivir nuestra fe, también debemos considerar la Misa como una “cuestión de vida o muerte”. Y es que, en realidad, todos nos jugamos la vida eterna cada día y necesitamos alimentar nuestra alma para no sucumbir ante las dificultades.

Es, de hecho, en la adversidad cuando realmente se fortalece la fe. En los momentos más duros es cuando Jesucristo sostiene, da sentido al sufrimiento y consuela con la esperanza en la vida eterna.

Como rector del seminario Pontificio Maria Mater Ecclesiae de Roma, puedo ver esto en cada joven que aquí se forma. Muchos provienen de países pobres y algunos de ellos de lugares donde se persigue su fe.

Pero, lejos de huir de esta situación, se entregan intensamente a su preparación sacerdotal para poder volver a sus países de origen y llevar el consuelo de la fe en Jesucristo a quienes tanto lo necesitan.

Ellos regresarán a estos lugares para estar “en primera línea” y sostener a la Iglesia donde más sufre. Para que eso se produzca, nosotros debemos sostenerles en su formación “desde la retaguardia”.

Dña. María del Perpetuo Socorro, como le comentaba, la gran mayoría de nuestros seminaristas proviene de diócesis muy pobres, y los obispos que los envían no tienen recursos suficientes para costear su formación. Por eso recurro hoy a usted. Le pido que, si está en su mano, sostenga a uno de estos jóvenes con un donativo de 10 € al mes.

Esta ayuda es muy necesaria para nosotros. Pero más importante aún es que rece con insistencia por la Iglesia perseguida. Especialmente para que estos seminaristas puedan perseverar en su vocación y así sostener el día de mañana a través de su sacerdocio a tantos cristianos que sufren.

 

 

P. Enrique Tapia, L.C.
Rector del Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae




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