Los científicos no encuentran explicación

Legionarios de Cristo

Los científicos no encuentran explicación para este asombroso acontecimiento

La sorprendente historia que le voy a contar sucedió en Santa Fe (Nuevo México, EE. UU.) en 1877:

La capilla de Loreto en Santa Fe (Nuevo México, EE. UU.)

Allí vivía desde hacía años una comunidad de hermanas de Loreto que comenzó a construir una iglesia para su convento. Pero antes de que estuviese terminada la obra, el arquitecto murió repentinamente.

Las monjas, al concluir la capilla, se encontraron con un grave problema: el arquitecto no había dejado resuelto cómo subir al coro, que se elevaba casi siete metros de altura sobre la nave central.

La solución provisional fue una larga escalera de mano, parecida a la que usan los jardineros para podar. Pero era muy peligrosa y nada funcional, así que las monjas preguntaron a varios arquitectos cómo podían resolver el problema. Debido a la altura del coro, solo había dos soluciones drásticas: o bien construir una larga escalera que atravesara toda la iglesia o directamente derribar el coro y construir uno nuevo.

La madre superiora pidió entonces a la comunidad que rezara una novena a San José para dar con la solución. Justo el noveno día, al concluir la oración, apareció en la puerta del convento un hombre montado en un borrico. Traía consigo un baúl con herramientas y decía tener la solución a su problema.

Solo ponía una condición para realizar el trabajo: las hermanas nunca debían revelar su nombre. La madre superiora aceptó, pues intuyó que era la respuesta del cielo a sus oraciones.

Así, con apenas una sierra y una escuadra como herramientas, el misterioso carpintero se encerró a trabajar en la iglesia. Las monjas observaban asombradas que el hombre jamás abandonaba la capilla; también se sorprendían al ver que nunca entraba material para realizar la obra.

Al cabo de tres meses el carpintero salió del templo, dando por concluido su trabajo. Las monjas entraron entonces en la iglesia para ver el resultado de tantos días de trabajo, y descubrieron maravilladas una impresionante escalera de caracol que se elevaba hasta el coro.

Agradecidas por el ingenio y la pericia del carpintero, las hermanas salieron corriendo para pagarle el fabuloso trabajo que había realizado. Sin embargo, no lograron encontrarlo; el hombre había desaparecido misteriosamente sin dejar rastro alguno.

El hecho se difundió rápidamente, y la devoción popular atribuyó la autoría de la escalera sin dudarlo a san José. Gentes de todas partes acudían a Santa Fe para contemplar el milagro, y el convento se convirtió en lugar de peregrinación.

Desde entonces, numerosos estudiosos se han interesado por la asombrosa escalera. Nadie logra explicar cómo este prodigio de la ingeniería pudo ser construido por un único hombre con unas pocas herramientas como única ayuda. Tampoco entienden cómo es posible que una escalera de caracol –que da dos vueltas completas de 360 grados– se sostenga sin ningún tipo de soporte central.

Igual de asombroso es que, para ensamblar la madera, el carpintero no usase ni clavos ni pegamento. Además, los análisis realizados muestran que la madera empleada no existe en Estados Unidos; algunos expertos de hecho aseguran que se trata de una rara variedad de abeto proveniente del Medio Oriente. Por si esto fuera poco, la escalera tiene exactamente 33 peldaños. La edad de Jesucristo.

Al margen de todos estos datos sorprendentes, hay una cuestión innegable en esta historia: el poder de la oración. Ante una dificultad aparentemente insalvable, donde nadie encontraba solución, estas monjas supieron a quién debían acudir para pedir ayuda.

No es casualidad que, de entre todos los santos, las hermanas decidieran rezar a san José: la tradición de la Iglesia nos enseña que es el “experto” en interceder por cualquier necesidad material. Y es que él, como cabeza de familia, fue el encargado de proveer todo lo necesario a la Sagrada Familia de Nazaret.

San José es además patrón de los seminarios. Él se encarga muy especialmente de cuidar de sus seminaristas para que no les falte de nada en su etapa de formación. Así lo hemos experimentado en los seminarios de la Congregación de los Legionarios de Cristo: cada vez que hemos pedido con fe su intercesión ante alguna necesidad concreta, él ha respondido con creces.

Coincidiendo con que el mes de marzo está dedicado a San José, en nuestros seminarios vamos a rezar cada día con fervor a nuestro santo patrón. Le pediremos que mueva los corazones de todos los que reciban esta carta, con la esperanza de que muchos se decidan a ayudar con sus donativos a la formación de seminaristas, labor tan necesaria en estos días.

Concretamente necesitamos conseguir donantes que nos ayuden a sostener a los 994 seminaristas (433 en seminarios menores y 561 en seminarios mayores) que nuestra congregación tiene en 22 seminarios de todo el mundo. Y muy especialmente para los que hoy se forman en nuestro noviciado de España.

La formación de nuestros jóvenes es muy minuciosa: cada seminarista pasa entre 13 y 15 años preparándose intensamente para ser sacerdote. En ese tiempo estudian Humanidades, Filosofía y Teología; así podrán ayudar mejor el día de mañana a los hombres a los que se disponen a servir.

Todo esto supone un gran esfuerzo económico. Lograr formar a un sacerdote no tiene precio, pero sí un gran coste que cubrir: estudios, libros, material, ropa, manutención… Las familias de los jóvenes nos ayudan todo lo que pueden, pero no alcanzan a sostener todos los gastos de formación; por eso la ayuda económica que nos presta a través de su domiciliación periódica está siendo esencial para seguir adelante con esta misión que Dios nos ha encomendado.

Hoy les pido que, si está en su mano, nos ayuden a la formación de sacerdotes con una domiciliación de 12 € al mes. Con su colaboración estarán contribuyendo de manera eficaz a la formación de uno de estos futuros sacerdotes.

Encomendándole en mis oraciones a San José, reciba un cordial saludo,

 

 

P. José Félix Medina,
L.C. Rector del seminario de Salamanca

 




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